Tenemos que desmontar estos 3 mitos sobre los aceites faciales

Escoger el producto adecuado e incluirlo en la rutina de cuidado de la piel tiene muchas más ventajas y beneficios de los que imaginas.

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Los aceites faciales naturales llevan utilizándose desde la antigüedad / Imaxtree.

Los aceites naturales llevan formando parte de la rutina de cuidado facial desde la antigüedad. Sus propiedades botánicas llevaron a los egipcios a aprovechar todos los beneficios de la moringa, los antiguos griegos se declararon absolutamente fans del aceite de oliva y los indígenas de las tribus de África utilizaban aceite de marula, conocido en la actualidad por sus propiedades antienvejecimiento.

Sin embargo, a partir del siglo XX los aceites faciales han sido cuestionados a raíz de la aparición de numerosos cosméticos que presumen de ser oil free como una de sus características principales y también por el temor a que sean los culpables de provocar brotes de acné.

A pesar de este miedo - ya que evitar la aparición del acné es uno de los objetivos de belleza más perseguidos -, el tiempo y la experiencia han demostrado que los aceites faciales son un elemento básico en una rutina completa del cuidado de la piel. Frente a los que, en un primer momento, eran productos espesos que podían obstruir los poros, los avances en dermocosmética han conseguido que los aceites faciales de la actualidad tengan una consistencia similar a la del agua sin perder su capacidad emoliente, no dejen ningún residuo y aporten un bonito brillo en la piel.

Aunque se han utilizado desde hace siglos, son muchos los mitos que continuan sobrevolando a estos cosméticos hidratantes. Vamos a desmontar algunos de ellos:

 

Mito 1: Los aceites faciales causan brotes de acné

Los aceites faciales de calidad como el de jojoba, el de coco y el de camelia son productos altamente efectivos a la hora de eliminar la suciedad acumulada en los poros de la piel, minimizando su apariencia.

En concreto, los aceites antiinflamatorios y antibacterianos como el de sándalo y el de árbol de té son especialmente efectivos en las pieles con tendencia acnéica.

Para evitar los brotes de acné es necesario prescindir de aceites faciales comedogénicos como los sintéticos o los minerales, y aquellos que contengan fragancia añadida y conservantes, por lo que es recomendable leer atentamente su composición antes de su empleo.

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Imaxtree

Mito 2: Los aceites faciales no son tan efectivos como cosméticos antienvejecimiento

La producción de aceites naturales de la piel disminuye a medida que cumplimos años. Como consecuencia, la barrera de hidratación de la piel se rompe y las arrugas se profundizan. En este contexto, los aceites faciales se encargan de restaurar, mantener y fortalecer la hidratación de la piel, que absorbe mejor los nutrientes regeneradores que reducen los signos de envejecimiento prematuro.

Los buenos aceites faciales están repletos de antioxidantes que previenen el daño de la piel por parte de los radicales libres. Las pieles secas o dañadas por el sol agradecerán la acción de aquellos aceites enriquecidos con vitamina E, mientras que el aceite de semilla de uva funciona mejor en las pieles mixtas y grasas, ya que es ligero y no graso.

Muchos aceites faciales como el de coco, granada y marula son poderosos antioxidantes de los que puede beneficiarse la piel aplicando unas gotas después de la limpieza y antes de la crema hidratante.

 

Mito 3: Los aceites faciales no están recomendados para las pieles grasas

En realidad, los aceites faciales están recomendados para todo tipo de pieles. Existen aceites faciales ligeros que funcionan muy bien incluso en las pieles grasas. Si se es propenso a los brotes de acné, la mejor opción es elegir aquel que tenga propiedades antisépticas y contribuya, incluso, a reducir sus marcas.

Los aceites faciales premium suelen venir en pequeñas ampollas debido a su alta concentración. En estos casos, con la aplicación de una mínima cantidad de producto se consiguen los máximos resultados, por lo que no es necesario cubrir el rostro - que ya brilla por sí mismo - con un exceso de producto.

En el caso de las pieles grasas, los aceites faciales más recomendados son el de jojoba, el de semilla de uva, los de rosas y el de semilla de albaricoque.

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