Cómo adelgazar rápido: aprende a leer las etiquetas de los alimentos

Antes de ir al supermercado, toma nota porque es muy probable que comentas estos errores.

Aprender a leer las etiquetas
Aprender a leer las etiquetas antes de empezar la dieta (iStock)

El buen tiempo está ya aquí y hablar de verano es hablar de operación bikini. Ahora a todas nos llegan las prisas: queremos adelgazar rápido (y más después de ver el cambio tan radical que ha vivido Adele, que ha perdido 50 kilos). El primer paso, además de hacer ejercicio, es aprender a interpretar las etiquetas de los alimentos.

Leer el etiquetado es imprescindible para cerciorarnos de las propiedades de los productos que vamos a consumir y poder planificar de forma sensata un menú saludable con el que alcanzar estos objetivos. Alérgicos, celíacos y diabéticos deben tener especial cuidado a la hora de leer el etiquetado, ya que la composición o ingredientes pueden ser especialmente dañinos para su salud.

Antes de ir al supermercado, toma nota porque es muy probable que comentas estos errores:

  • Fijarse solo en las calorías: ocurre a menudo que los consumidores solo se fijan en el número de calorías de un producto, obviando todo el resto de información. Que un alimento tenga pocas calorías no quiere decir que sea necesariamente sano y uno con una proporción elevada de calorías no tiene por qué ser poco nutritivo. Esto ocurre, por ejemplo, con los frutos secos, cuyo valor calórico por cada 100 gramos es considerablemente elevado, pero que son alimentos muy recomendados por su valor nutricional.
  • No tener en cuenta la ración recomendada: el etiquetado de los alimentos marca los valores nutricionales por cada 100 gramos de producto, pero en ocasiones también aparecen los gramos recomendados por ración. En estos casos el fabricante indica la cantidad de producto que conforma la ración para una persona y son esos datos los que se deben tomar como referencia, ya que darán una idea más realista de las calorías, azúcares o grasas que se van a ingerir.
  • No mirar el etiquetado cuando indica light en el dorso: este es uno de los errores más comunes al comprar alimentos. Las estrategias de marketing de los fabricantes pueden confundir al consumidor marcando sus productos con la palabra light. Este indicativo solo quiere decir que ese alimento es una versión menos calórica que la original del mismo. Esto no quiere decir que el producto light sea sano o sea recomendable para incluir en una dieta equilibrada.
  • “Sin azúcar añadido” no es sinónimo de sin azúcar: los productos que se publicitan como “sin azúcares añadidos”, tampoco son necesariamente sanos. Que no tenga azúcar añadido no implica que no lleve azúcar, ya que el alimento en origen puede llevar un alto contenido de este o tener otros edulcorantes como jarabe de maíz o fructosa. Además, es importante tener cuidado con productos anunciados como bajos en grasas, como quesos rallados o yogures, ya que es habitual que los fabricantes añadan azúcares para compensar la falta de sabor que ocurre al sustraer la nata de estos alimentos
  • No tener en cuenta el tipo de grasas: erróneamente se asocia la grasa a algo incompatible con una dieta saludable, de ahí que el eslogan anteriormente mencionado, “bajo en grasas”, haya sido uno de los grandes reclamos en los últimos años. Las grasas son necesarias para el correcto funcionamiento de nuestro organismo, no así las grasas saturadas, que sí son perjudiciales para la salud. En cambio, los ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados son beneficioso para el organismo en general y se encuentran en alimentos como las nueces, los aguacates o los aceites de origen vegetal. organismo, no así las grasas saturadas, que sí son perjudiciales para la salud. En cambio, los ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados son beneficioso para el organismo en general y se encuentran en alimentos como las nueces, los aguacates o los aceites de origen vegetal.

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