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Curiosidades sobre los gatos, un misterioso símbolo cultural

Probablemente no haya habido un animal en la historia que haya encerrado tanto misterio como estos felinos, considerados incluso una divinidad. Te contamos algunas curiosidades de los gatos como símbolo cultural.

Los gatos son unas de las criaturas más alucinantes que existen, principalmente, porque aún nadie ha logrado descifrar su mente con total claridad. Siempre parecen estar envueltos en un halo de misterio, son imprevisibles, hacen cosas que no entendemos (trepar como Spiderman, meterse en cajas, pasear por el filo de la barandilla de la terraza jugando con el equilibrio...), pero precisamente su peculiaridad los hace muy queridos. Pocos animales nos provocan tanta risa como ellos y nos hacen morirnos de amor a la vez.

Ahora hemos creado una fiebre entorno a ellos, convirtiéndonos en nuestros mejores amigos, en estrellas de Instagram e incluso pagando un dinero considerable solo por merendar en una cafetería donde ellos son los anfitriones.

Sin embargo, hace años no fue así: el gato pasó de ser un animal odiado, a uno adorado dependiendo de la época, la cultura y los diferentes lugares. Un símbolo cultural con diferentes significados de lo más curiosos.

El gato, un dios venerado en la cultura egipcia

Los egipcios fueron quienes le dieron a los gatos un lugar imprescindible en sus vidas. Al principio lo domesticaron, convirtiéndolo en cazador y exterminado de las plagas de ratas que azotaban las cosechas entorno al año 4000. c. C. Esto último le sirvió a este felino para ganarse el cariño de los humanos, hasta tal punto, que llegó a convertirse en una divinidad protectora para las familias.

El gato se convirtió entonces en un animal tótem, logrando colarse en el panteón de los dioses egipcios. ¿Te suena el nombre de la diosa Bast? Una deidad del amor con cabeza de gata, protectora de los humanos, las familias y la armonía del hogar. Su pasión por este animal era tal que, tras su muerte, sus familiares se depilaban las cejas como señal de duelo.

En Oriente también gozaba de popularidad

En Extremo Oriente los gatos también se tenían en estima, de hecho, los monjes budistas los criaban como animales sagrados. En Japón, el palacio de Kioto se consagró a la gata Maneki Neko, que se representa sentada, con una pata levantada en señal de bienvenida o buena suerte.

En la China antigua, había un dios agreste llamado Li Shu cuyo aspecto se asemejaba al del gato, como ocurría en Egipto. En Grecia, el equivalente de Bastet era la diosa Artemisa, que creó al gato. La civilización romana apreció también a este animal no sólo por sus cualidades de cazador, también por su belleza, como bien demuestran frescos y mosaicos de la época.

Los árabes pensaban que era un ser puro

En la cultura árabe entorno al siglo VII, pensaban que los gatos eran animales con alma pura, al contrario de lo que opinaban de los perros, cuya supuesta alma impura les daba una menor estima. Tanto que incluso se consideraba un insulto el nombre de este animal.

Mahoma tenía también gran consideración por los gatos. De hecho, la leyenda cuenta que su gata Muezza se quedó dormida en sus brazos, y el profeta prefirió cortar la manga de su traje antes que despertar al animal y molestarle. Se dice que la gata, en agradecimiento, le confirió la facultar de caer siempre de pie y tener siete vidas, como ella.

Pero los gatos no siempre tuvieron tan buena suerte...

Descendió del pedestal de las divinidades durante propagación del cristianismo, especialmente en la Edad Media, durante los siglos XII y XIII. Su comportamiento misterioso suscitó acusaciones absurdas y se consideró símbolo del mal e incluso elemento satánico. ¿Te has preguntado alguna vez por qué en la literatura y el cine fantástico siempre se ha asociado a los gatos con las mascotas de las brujas? Exacto: pensaban que había gatos maléficos que eran capaces de transformarse en brujas y viceversa.

Esta asociación les hizo ser considerados animales que daban mala suerte, especialmente los negros.

Hoy en día, algunas supersticiones se mantienen

De ahí que a día de hoy aún haya gente que evite cruzarse con un gato negro: aún piensan que es símbolo de mala suerte, como romper un espejo o pasar por debajo de una escalera. Supersticiones con historia que, en realidad, no tienen ningún sentido y mucho menos fundamento

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