7 trucos para eliminar las manchas de sangre de la ropa cuando tienes la regla

Sigue estos consejos para que tu ropa interior no siga sufriendo estas consecuencias indeseadas.

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Ni un disgusto más con estos trucos caseros que funcionan (Unsplash).

Las manchas de sangre en la ropa, en las sábanas e, incluso, en el colchón de nuestra cama forman parte de la menstruación, y son frecuentes tanto en personas jóvenes como en aquellas que llevan conviviendo con la regla durante años.

Ya sea porque su llegada nos coge por sorpresa o por un error de cálculo a la hora cambiarnos de tampón, compresa o copa menstrual, más de un par de braguitas han sufrido las consecuencias de las indeseadas manchas que, además, no son fáciles de eliminar si no tienes en cuenta estos consejos.

¿Por qué es tan difícil quitar las manchas de sangre? Su dificultad viene determinada porque son insolubles en agua y se adhieren con fuerza a las fibras de los tejidos afectados, por lo que los detergentes habituales no suelen penetrar en ellas con facilidad.

 

Recomendaciones para eliminar las manchas de sangre de la ropa:

 

1. Tratar la mancha cuanto antes

Lo principal es iniciar la limpieza cuando la mancha aún no se ha secado, ya que esto significa que la cantidad total de sangre no se ha fijado en el tejido. Si no puedes dedicarte a eliminar la mancha en ese momento, lo mejor es que dejes la prenda en remojo, pero siempre en agua fría.

 

2. Evita el agua caliente

Como comentamos, el agua fría es nuestra mejor arma a la hora de tratar una mancha de sangre, ya que con el agua caliente se consigue el efecto contrario: fijar las proteínas de la sangre con mayor fuerza al tejido.

 

3. Aplica agua fría directamente del grifo

Si la mancha es reciente y aún no se ha secado, lo más recomendable es enjuagarla directamente con agua fría, colocándola directamente bajo el grifo - con la tela tensa - para aprovechar su presión. La sangre comenzará a disolverse fácilmente.

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Unsplash.

4. Utiliza un poco de jabón (el que tengas a mano en ese momento)

Una vez que hayas retirado todo el exceso de sangre posible del tejido, necesitarás un poco de jabón para deshacerte de cualquier marca residual que se haya quedado en la tela. Sirve cualquier jabón de manos que esté a tu alcance en ese momento, antes de que la prenda pase por la lavadora.

 

5. Si el jabón no es suficiente

Cuando la mancha no sale fácilmente con jabón, podemos rematar la jugada con unas gotas de bicarbonato de sodio o de zumo de limón, sumergiendo la prenda en agua fría durante 30 minutos, agregando el zumo de limón sobre la mancha y dejándolo actuar durante otros 30 minutos antes de escurrir y lavar en la lavadora. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, tanto el limón como el bicarbonato, pueden decolorar los colores más oscuros de las prendas, por lo que solo es recomendable utilizar este truco sobre los colores claros o sobre la ropa blanca.

 

6. Si la mancha ya está seca

Muchas veces no podemos enfrentarnos a la limpieza de una mancha de sangre reciente y, cuando tenemos que tomar medidas, ya está seca. En estos casos es recomendable utilizar agua oxigenada directamente sobre la mancha, ya que esta se encarga eficazmente de eliminar los restos. Deja que actúe durante unos minutos y coloca la prenda a remojo en agua fría. Más tarde se debe enjuagar (pero sin frotar) para evitar que la mancha se haga más grande. Los restos que hayan podido quedar después de escurrir la prenda pueden eliminarse con un poco de jabón. En este momento sí podemos frotar para permitir que este penetre bien en el tejido. A continuación se lava la prenda como se haría normalmente en la lavadora, pero siempre con agua fría.

 

7. Quitar una mancha de sangre del colchón

Sí, a veces pasa. Para quitarla eficazmente y que no queden restos, lo mejor es utilizar un paño limpio o un cepillo de dientes con agua y jabón. Sin embargo, a diferencia de cuando tratamos la mancha en una prenda, en esta ocasión nos interesa que la cantidad de agua empleada sea menor y que se aplique de forma muy controlada sobre la mancha. El objetivo es mojar la menor parte de superficie posible para facilitar su secado, que debe ser al aire. El proceso se puede repetir tantas veces como se necesite hasta conseguir eliminar los restos de sangre por completo.

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