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Elisabet Benavent: 'Hay que acabar con la idea del amor romántico trágico'

El estilo de Elisabet Benavent ha conectado con generaciones que van desde las más jóvenes a las seguidoras de más edad del género de la ‘chick lit’. Sentido del humor, referencias al arte contemporáneo, un disfraz inesperado y, por supuesto, un amor irrefrenable en su nueva novela 'El arte de engañar al karma'.

Es un auténtico fenómeno de masas literario. Elisabet Benavent (que en redes sociales encontrarás como @betacoqueta) ofrece a sus lectoras mucho más que una novela, sumergirse en una de sus historias te llevará más allá. Sus fotos, stories y post de Instagram y su implicación en las adaptaciones de sus libros a series y películas han convertido a Elisabet en mucho más que una escritora. Lo suyo con sus seguidoras es una experiencia transmedia más completa que la de la mera lectura.

Acaba de publicar su nueva novela, El arte de engañar al karma (Suma de Letras), la número 19 de su trayectoria que comenzó con el gran éxito de la saga de Valeria en 2013. De todas estas historias ha vendido más de 3.000.000 de ejemplares en todo el mundo y se la considera una de las reinas de la chick lit actual. Entrevistamos a la autora de pluma ágil, divertida e inteligente. Con los pies en la tierra, Elisabet explora con Mía los temas de su nuevo libro y lo que le preocupa de la sociedad en la que vivimos. 

Engañar al karma… ¿cuál es tu concepto del karma?

En mi casa siempre me han dicho que si uno obra bien, de alguna manera el cosmos se lo devuelva pero que no hay que hacerlo solo por eso. Pero yo pienso que hay gente a la que le sigue luciendo el pelo aunque se porte mal. No sé si creo en el karma, pero sí en hacer las cosas como uno las siente, pero sin hacer daño a los demás. El personaje de Catalina considera que no ha hecho nada malo, cree que ha tenido mala suerte y que el universo le debe algo. Cuando caen en sus manos unos cuadros valiosos, ve la oportunidad de hacer ese pillaje, muy a lo Lazarillo de Tormes, para buscarse la vida. 

¿Es que no sabemos reconocer nuestros errores?

Creo que este libro es un viaje a darse cuenta de que la mala suerte quizá no es eso y es que no hemos sabido adaptarnos a las circunstancias. En los sueños también hay que ir creciendo, no ser rígidos. Más que el karma, que es como una broma interna, nos empecinamos con algo y quizá nuestras aspiraciones ya han cambiado y debemos buscar otra cosa que nos apasione. 

¿Cuándo y cómo llegaron a tu mente Catalina y su conflicto?

Llegó un poco de rebote. Tenía ya varios libros pensados con una trama que se relacionara con en el arte contemporáneo porque es una de mis pasiones, de hecho me vine a Madrid a estudiar un máster de eso. Quise documentarme y mientras lo hacía me gustó la idea de la picaresca (una actriz que se hace pasar por artista), de una protagonista algo sinvergüenza y surgió muy natural. 

Es un libro que has escrito en un año muy raro y diferente, el del Covid-19

Sí. La verdad es que no pude escribir durante el confinamiento. Empezaba, desechaba y estaba preocupada, pero mi editora estaba tranquila y me lo trasladó. Me he dado cuenta de que necesito salir y relacionarme para inspirarme, en cuanto pisé la calle empezó a fluir. El grueso del libro lo escribí en los últimos dos meses, soy una gran procrastrinadora, necesito ese tic tac encima.

En la portada vemos un kimono. ¿Por qué? 

Yo siempre voy por casa con kimono, tengo una buena colección y no puedo dejar de comprarlos. Es una parte del “disfraz” de Catalina para fingir que es artista. Además, le recuerdan a su tía y hacen que no olvide de dónde viene. 

La historia de Cata parte de su propia frustración, ¿ejemplo de varias generaciones que se sienten así ahora? 

Me considero parte de esa generación, salí al mercado cuando reventó la burbuja y tenía muchos sueños. Miro a las generaciones que vienen con ilusión y tengo fe en que sabrán darle la vuelta. Creo que el ser humano se amolda a todo y aunque esta situación es complicada, quizá, de forma romantizada, pienso que seguiremos luchando para solucionar esta dramática precarización de la juventud. 

Hablamos de una complicada situación que marca a nivel emocional. 

A nivel emocional también nos marca. Lo hablamos mucho, en la era de las redes sociales, más comunicados pero también más solos que nunca. Más informados y desinformados. Las redes sociales son maravillosas, pero hay que salir al mundo, no vivir a través de una pantalla. Todo nos va a pasar factura, seguimos en shock aún por la pandemia y creo que lo que ahora llamamos fatiga pandémica traerá sus consecuencias. 

¿Cómo te ha afectado a ti?

Yo estoy mucho más disfrutona, siempre cumpliendo con las medidas, pero he notado que quiero pasar más tiempo con la gente. A veces me cuesta también, pero me obligo a salir porque me da miedo que me vuelvan a confinar. 

¿Trabajando en nuevos proyectos?

Tengo cosas planteadas y el próximo libro de 2022 en el que ya estoy trabajando. Pensaba darme algo más de tiempo porque un libro al año implica mucho y además he tenido los audiovisuales, pero me pueden siempre las prisas. He estado implicada en la segunda temporada de Valeria y en la película Fuimos canciones (en Netflix). 

¿Es difícil escribir sobre el amor y tener querer derribar los tópicos? 

Para mí es muy importante acabar con la idea del amor romántico trágico, el amor no duele, duele el desamor. Es importante que la novela romántica enfoque esa idea, hay gente joven que nos lee y estas cosas calan. No podemos perder de vista que no somos el 50% de nada, buscamos el amor, si queremos, para compartir no para completarnos. Y con el sexo lo mismo, aún se ve como un tabú y desde la ficción hay que empujar la idea de que las mujeres somos seres deseantes y no pasar por el tema de puntillas. 

Rocío Ponce

Rocío Ponce

Me paso la vida tecleando. Pocas cosas me gustan más que hacer una entrevista de interés. Me aburre irme a dormir sin aprender algo nuevo. Estoy enganchada al cine, las series y a la cultura en general. ¡Ah! Y un poquito de moda y belleza nunca vienen mal.

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